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La mayor parte de los estadounidenses vive, sorprendentemente, ceca de sus madres

5 Mayo, 2010

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ANN ARBOR, Michigan.— La mayoría de los estadounidenses viven a menos de 40 kilómetros de sus madres, según un informe divulgado por el Centro de Investigación de Jubilados de la Universidad de Michigan. El estudio abre interrogantes acerca de la creencia generalizada de que cuando los hijos crecen es probable que se muden lejos y que no estén cerca cuando sus madres envejecen.

El análisis se sustenta en una muestra representativa nacional de adultos mayores de 25 años de edad, casados y solteros, te la Encuesta Nacional de Salud Familiar y en datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

La probabilidad de que las personas vivan cerca de sus madres está fuertemente vinculada con la educación según los investigadores Janice Compton y Robert Pollak que llevaron a cabo el análisis para el Centro de Investigación de Jubilados de la UM que forma parte del Instituto de Investigación Social (ISR por su sigla en inglés) de la Universidad de Michigan.

“Los hijos adultos con diplomas universitarios tienen menos probabilidades de vivir con o cerca de sus madres”, dijo Pollak, quien es coautor de un documento de trabajo titulado “Proximity and Coresidence of Adult Children and their Parents: Description and Correlatos” (Proximidad y corresidencia de hijos adultos y sus parientes: Descripción y correlaciones).

Por ejemplo, entre las parejas en que ambos tienen diplomas universitarios, aproximadamente el 50 por ciento vive a más de 50 kilómetros de sus respectivas madres, y sólo el 18 por ciento vive a menos de 50 kilómetros de ambas madres.

Entre las parejas que no tienen diploma universitario la situación es la opuesta: aproximadamente el 19 por ciento vive a más de 50 kilómetros de ambas madres y el 50 por ciento vive a menos de 50 kilómetros de ambas madres.

“Si una va a la universidad es más probable que trabaje lejos del sitio donde se crió”, dijo Compton. “Además, es más probable que una se case con alguien que no es de su pueblo o ciudad natal y ni siquiera de su Estado. Y dado que las madres no viven en la misma área es menos probable que una se mude para estar cerca de una madre pero no de la otra”.

Los adultos no casados tienden a vivir más cerca de sus madres: aproximadamente dentro de los 25 kilómetros comparado con una distancia de 40 a 50 kilómetros para los adultos casados. En comparación con los blancos, los hispanos no tienden a vivir más cerca de sus madres pero tienen dos veces más probabilidades de vivir con sus madres. Los negros tienden, más que los blancos, a vivir cerca de sus madres y también a vivir con sus madres.

“Hay, obviamente, aspectos culturales que afectan la corresidencia y la proximidad familiar”, señaló Pollak.

El género no tiene impacto en la proximidad. Pero está fuertemente vinculado con la corresidencia, según determinaron los investigadores. “Cuando separamos nuestra muestra por status marital encontramos que las mujeres casadas son más propensas que los hombres casados a vivir con sus madres, en tanto que las mujeres no casadas son menos propensas que los hombres no casados a vivir con sus madres”, añadió.

Los hijos e hijas adultos más jóvenes son más propensos, y los de más edad son menos propensos, a vivir con sus madres o cerca de ellas. En promedio los hijos e hijas únicos viven más cerca de sus madres, pero en los que tienen hermanos o hermanas los investigadores no encontraron un efecto vinculado con el orden de nacimiento. En otras palabras, los más jóvenes de la familia no son más propensos a vivir cerca de la madre que los nacidos antes.

Los investigadores analizaron asimismo la forma en que los patrones de proximidad reflejaban las necesidades de las madres mayores de ayuda, o las necesidades de los hijos adultos de ayuda con la crianza de sus hijos. Los hijos adultos son más propensos a vivir con sus madres cuando uno de ellos necesita la ayuda, esto es cuando las madres son más ancianas o tienen problemas de salud, o cuando los hijos o hijas adultos están desempleados o no están en pareja. Pero la probabilidad de la proximidad depende, primordialmente, de la edad y la educación del hijo adulto y no de la necesidad de cuidados de la madre.

“Lo que es sorprendente de estos datos es cuán pocas veces las parejas casadas viven con la madre de él o con la madre de ella”, dijo Pollak. “Pero casi el 20 por ciento de los hombres no casados vive con sus madres. Si se excluyen a los hombres que viven con sus madres, la distancia media de los hombres no casados o que no viven en pareja es de 25 kilómetros de la casa de la madre”.

“Sería interesante saber cuántos de estos hombres solteros jamás se han ido de la casa de la madre”, añadió. “Lo cual plantea de manera diferente la cuestión de quién está cuidando a a quién?”

Pollak es un economista en la Universidad Washington de St. Louis, y Compton es una economista en la Universidad de Manitota. Por más información, vea el documento de trabajo en: http://www.mrrc.isr.umich.edu/publications/papers/pdf/wp215.pdf

Por más información acerca del Centro de Investigación de Jubilados de la Universidad de Michigan visite el sitio de Internet http://www.mrrc.isr.umich.edu/. El Centro Michigan de Investigación de Jubilados recibe fondos de la Administración del Seguro Social de Estados Unidos.

Por más información acerca del Instituto de Investigación Social de la UM, visite www.isr.umich.edu.

Contacto (español): Vivianne Schnitzer
Teléfono: 1-734-763-0368

Contacto (inglés):Diane Swanbrow
Teléfono: (734) 647-9069

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