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Rompiendo el silencio2 Junio, 2010 Por Lara Zielin Treinta y cinco años después de la muerte de Francisco Franco, España todavía tiene dificultades para poner en perspectiva su pasado sangriento. Fue una muerte lenta. Durante cinco semanas tuvo calambres abdominales, debilitamiento, dolores en el pecho, delirio. Y finalmente el 20 de noviembre de 1975 el general Francisco Franco, el dictador que gobernó España durante treinta y nueve años murió a los 82 años de edad. En el vacío de gobierno entró el entonces príncipe Juan Carlos, quien guió la transición de España de la dictadura a la democracia en un período notablemente breve. La era sangrienta de Franco —durante la cual unas 450.000 personas murieron en combate, por desnutrición y ejecuciones— quedó atrás. Este año se conmemorará el trigésimo quinto aniversario de la muerte de Franco y también treinta y cinco años de lucha del pueblo español para poner su pasado en perspectiva. Después de la muerte de Franco, España estableció un pacto de silencio. Todos los diálogos acerca de qué había ocurrido bajo Franco cesaron dado que mucha gente consideró que el hablar sobre el pasado limitaría la capacidad del país para avanzar hacia el futuro. Ahora ese silencio está resquebrajándose y han emergido las preguntas difíciles, incluida las cuestiones de cómo honrar a los miles de personas que Franco mató, cuáles remanentes del régimen franquista, si es que alguna, deberían permanecer visibles en la cultura, cuáles elementos de la historia deberían traerse a luz, y muchas más. Una conversación reciente con Cristina Moreiras Menor, la nueva Directora del Departamento de Lenguas y Literaturas Romances y profesora asociada de español, revela por qué y cómo España sigue profundamente dividida acerca de su conflictiva historia, y qué se requerirá para que España sane las heridas del pasado. “Una parte de España siente que necesitamos borrar todo nuestro pasado porque fue un pasado violento”, dijo Moreiras desde su oficina en el cuarto piso del Edificio de Lenguajes Modernos. Pero una parte diferente de España, añade, está preparada para reconocer “que la dictadura de Franco fue horrible”. En 2007, España promulgó la Ley de Memoria Histórica que reconoce oficialmente a las víctimas en ambos bandos de la Guerra Civil española, condena oficialmente el régimen de Franco, prohíbe demostraciones políticas en el sitio donde está sepultado Franco, quita los símbolos franquistas de los edificios y espacios públicos, y mucho más. Si bien Moreiras cree que la ley “es buena” también cuestiona hasta qué punto el gobierno puede “hacer una ley de memorias”, y si una legislación es realmente la mejor forma de conducir las discusiones sobre el pasado. Moreiras argumenta que, en cambio, la atención debería enfocarse en los hechos históricos. “Me gustaría ver más precisión histórica acerca de lo que (el régimen de Franco) significó para España y el resto del mundo”, indicó. El trabajo de Moreiras se centra precisamente en esto: cuántos de los hechos sepultados por largo tiempo en el pasado de España salen a luz no en los libros de textos y documentos, sino en el arte: libros, pinturas, música, películas y mucho más. La película “El laberinto de Pan”, de 2007, por ejemplo puede parecer superficialmente una historia acerca de la imaginación vívida de una niña. Pero por debajo del esplendor visual hay una historia acerca de la resistencia armada que combatió a Franco en los años que siguieron a la Guerra Civil. “Esa película dio un carácter histórico a la resistencia”, dijo Moreiras. “La nueva generación en España no sabe acerca de estas figuras”, en parte debido al pacto del silencio. Por supuesto el traer a luz la historia sepultada quizá no sea prioritario dados los otros problemas con los cuales España ha de lidiar en estos tiempos. Moreiras dijo que la inmigración y los problemas económicos son preocupaciones mayores para los españoles. Pero el debate acerca de la memoria histórica sigue siendo importante. “Franco murió hace treinta y cinco años y España todavía sigue lidiando con ello, lo cual en cierto modo luce anticuado”, señaló. “El pasado deja heridas sobre el presente, y España ha tratado de pretender que esto no es así”. Moreiras es consciente del papel que su propia investigación desempeña en la reapertura de estas discusiones difíciles. “Pienso que es posible dialogar acerca del pasado de España y en la primera línea de las conversaciones están los académicos, los historiadores y los críticos culturales”, dijo. Contacto (español): Vivianne Schnitzer |
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